martes, 31 de agosto de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
lunes, 26 de julio de 2010
miércoles, 21 de julio de 2010
Nuevas fotografías
Mis autorretratos, muy recientes y apenas esbozados aun, intentan retratar al artista desde un prisma distinto al que suele considerarse, sometido también a la influencia del arte, que llega a adueñarse casi literalmente de su vida. Estas obras intentan reflejar a la vez la carga dramática e irónica que se deriva de ello.
martes, 29 de junio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Cine, cine, cine...

Este es otro ensayo centrado mas exclusivamente en el cine, aunque también en el arte en general y a su vez mas exclusivamente en el cine moderno y en la figura de Ingmar Bergman.
Esta escrito con cierta presión, bajo la dictadura de un número concreto de paginas, lo que hace que a veces se precipite en sus conclusiones, pero creo que puede resultar interesante para los amantes del septimo arte por la particularidad de su planteamiento.
Como siempre el ensayo completo tiene su enlace para descarga mas abajo.
Introducción
En el siglo XX se han llevado a cabo profundas revoluciones en todos los ámbitos del pensamiento incluido el artístico, en muchos aspectos podríamos hablar de él como un nuevo siglo manierista ya que asiste a la culminación de la modernidad y a su agotamiento. El arte en una última explosión final de lo que se denomino el genio artístico moderno asistió a la transformación radical de muchos por no decir todos sus preceptos, ya que el propio concepto de arte dejó paso a la individualidad de los artistas ya sean escritores, músicos, pintores o escultores. No obstante no todo el arte del siglo XX ha asistido a esta transformación de forma tan evidente como el cine, ya que por su juventud, y también por su característica de lograr ser fiel testigo de su tiempo, este ha sufrido una evolución similar a la del resto de las disciplinas en tiempo record. En su inmediatez y contemporaneidad con lo que describe podemos vislumbrar las transformaciones de nuestro mundo y pensamiento con perplejidad y asombro.
En el presente ensayo intentaremos desentrañar aspectos importantes de la evolución cinematográfica y comprender si en su juventud el propio cine ha vivido su propio manierismo, entendido este como el paso esquivo entre lo clásico y lo moderno, y como en la actualidad este manierismo (en su versión más insípida, la puramente formal), bajo quizás también el signo de lo posmoderno, parece haberse quedado instaurado como la forma cinematográfica establecida.
La historia del arte es a menudo estudiada e interpretada como una sucesión de momentos en que las disciplinas artísticas cambian y se transforman gradualmente bien por los propios cambios que se producen en la sociedad de cada época o por la aportación trascendental de determinados artistas. Esta compartimentación en bloques ignora a menudo que todas las épocas de la historia de la humanidad están profusamente salpicadas de incongruencias dentro de la lógica continuidad que los historiadores más puristas intentan catalogar, así como que las transiciones entre ellas son lentas y repletas de momentos intermedios en los que nada es como se nos ha hecho llegar, en la que los mundos se mezclan, en las que aparecen personalidades que ayudan a cerrar un ciclo con un golpe sobre la mesa cuyo estrepitoso ruido se extiende en el siguiente.
La historia del arte es la historia de los artistas, pero también la historia del pensamiento estético, de la filosofía y la ciencia, la economía y la política, y es, como decimos, la de sus transiciones e interferencias. Es de hecho incluso la historia de sus oposiciones. De todo esto solo podemos sacar una conclusión y es que la historia del arte (la historia en general) no es en muchos sentidos lineal.
Es conocido por casi todos los teóricos del arte que el pensamiento posmoderno ha roto con la noción de evolución histórica, de progreso de la humanidad auspiciado por las revoluciones populares y científicas y por lo tanto del concepto de innovación asociado a los lenguajes artísticos. Bajo la nueva perspectiva poshistórica podemos afirmar por ejemplo que Picasso ha influido tanto en Goya como Goya en Picasso, de manera que cada nuevo paso en la historia no hace más que rubricar la elipse que la conforma. Los movimientos artísticos, incluso los de hace siglos, no han dejado de evolucionar ya sea en nuestro pensamiento teórico o auspiciado bajo nuevas formas (nuevos procedimientos técnicos, visiones particulares de artistas contemporáneos, redescubrimiento de artistas semiolvidados…) no obstante esta evolución parece haber llegado realmente a un final.
El manierismo, por sus particularidades intrínsecas, es uno de esos movimientos que no solo ha dejado su huella en toda la historia del arte, la inmediatamente posterior (Barroco) y la más reciente (transvanguardia, neoexpresionismo, fotografía contemporánea…) convirtiéndose más en un modo de hacer dada su atemporalidad que en un movimiento propiamente dicho. Y si bien esta afirmación podría extenderse, no ya a muchos otros, sino a todos los momentos de la evolución del arte, es en el manierismo, por la diversidad de artistas a los que se engloba bajo este epígrafe, por lo difuminado de sus contornos y por las escasas connotaciones que presenta en otros ámbitos de pensamiento fuera del arte (dado como decimos su carácter transicional en la historia y ambiguo de sus márgenes a caballo entre el pensamiento humanista y clásico y la irrupción de la modernidad) donde más patente queda que toda transformación social y estética se produce bajo el influjo de cientos de posibilidades, por el empuje de personalidades concretas pero a su vez en sus adhesiones y luchas con el pasado y el presente histórico. Es por esta característica, su atemporalidad y difícil encuadramiento dentro de unas características delimitadas que muchos artistas en la época posmoderna (desde Miquel Barceló a Bill Viola) se han inspirado en él, defendiendo una mirada nueva a la concepción modernista del arte (aunque nunca como veremos sin olvidarla del todo, tal es el carácter esquivo del concepto de posmodernidad, que aunque intente superarlo en su mismo nombre mantiene la referencia a lo moderno). Manierismo y modernidad parecen así confundirse, no obstante intentaremos plantear su diferencia fundamental que estriba en la distancia que separa al arte moderno de su disolución.
http://rapidshare.com/files/392327257/disoluciones.docx.html
Esta escrito con cierta presión, bajo la dictadura de un número concreto de paginas, lo que hace que a veces se precipite en sus conclusiones, pero creo que puede resultar interesante para los amantes del septimo arte por la particularidad de su planteamiento.
Como siempre el ensayo completo tiene su enlace para descarga mas abajo.
Introducción
En el siglo XX se han llevado a cabo profundas revoluciones en todos los ámbitos del pensamiento incluido el artístico, en muchos aspectos podríamos hablar de él como un nuevo siglo manierista ya que asiste a la culminación de la modernidad y a su agotamiento. El arte en una última explosión final de lo que se denomino el genio artístico moderno asistió a la transformación radical de muchos por no decir todos sus preceptos, ya que el propio concepto de arte dejó paso a la individualidad de los artistas ya sean escritores, músicos, pintores o escultores. No obstante no todo el arte del siglo XX ha asistido a esta transformación de forma tan evidente como el cine, ya que por su juventud, y también por su característica de lograr ser fiel testigo de su tiempo, este ha sufrido una evolución similar a la del resto de las disciplinas en tiempo record. En su inmediatez y contemporaneidad con lo que describe podemos vislumbrar las transformaciones de nuestro mundo y pensamiento con perplejidad y asombro.
En el presente ensayo intentaremos desentrañar aspectos importantes de la evolución cinematográfica y comprender si en su juventud el propio cine ha vivido su propio manierismo, entendido este como el paso esquivo entre lo clásico y lo moderno, y como en la actualidad este manierismo (en su versión más insípida, la puramente formal), bajo quizás también el signo de lo posmoderno, parece haberse quedado instaurado como la forma cinematográfica establecida.
La historia del arte es a menudo estudiada e interpretada como una sucesión de momentos en que las disciplinas artísticas cambian y se transforman gradualmente bien por los propios cambios que se producen en la sociedad de cada época o por la aportación trascendental de determinados artistas. Esta compartimentación en bloques ignora a menudo que todas las épocas de la historia de la humanidad están profusamente salpicadas de incongruencias dentro de la lógica continuidad que los historiadores más puristas intentan catalogar, así como que las transiciones entre ellas son lentas y repletas de momentos intermedios en los que nada es como se nos ha hecho llegar, en la que los mundos se mezclan, en las que aparecen personalidades que ayudan a cerrar un ciclo con un golpe sobre la mesa cuyo estrepitoso ruido se extiende en el siguiente.
La historia del arte es la historia de los artistas, pero también la historia del pensamiento estético, de la filosofía y la ciencia, la economía y la política, y es, como decimos, la de sus transiciones e interferencias. Es de hecho incluso la historia de sus oposiciones. De todo esto solo podemos sacar una conclusión y es que la historia del arte (la historia en general) no es en muchos sentidos lineal.
Es conocido por casi todos los teóricos del arte que el pensamiento posmoderno ha roto con la noción de evolución histórica, de progreso de la humanidad auspiciado por las revoluciones populares y científicas y por lo tanto del concepto de innovación asociado a los lenguajes artísticos. Bajo la nueva perspectiva poshistórica podemos afirmar por ejemplo que Picasso ha influido tanto en Goya como Goya en Picasso, de manera que cada nuevo paso en la historia no hace más que rubricar la elipse que la conforma. Los movimientos artísticos, incluso los de hace siglos, no han dejado de evolucionar ya sea en nuestro pensamiento teórico o auspiciado bajo nuevas formas (nuevos procedimientos técnicos, visiones particulares de artistas contemporáneos, redescubrimiento de artistas semiolvidados…) no obstante esta evolución parece haber llegado realmente a un final.
El manierismo, por sus particularidades intrínsecas, es uno de esos movimientos que no solo ha dejado su huella en toda la historia del arte, la inmediatamente posterior (Barroco) y la más reciente (transvanguardia, neoexpresionismo, fotografía contemporánea…) convirtiéndose más en un modo de hacer dada su atemporalidad que en un movimiento propiamente dicho. Y si bien esta afirmación podría extenderse, no ya a muchos otros, sino a todos los momentos de la evolución del arte, es en el manierismo, por la diversidad de artistas a los que se engloba bajo este epígrafe, por lo difuminado de sus contornos y por las escasas connotaciones que presenta en otros ámbitos de pensamiento fuera del arte (dado como decimos su carácter transicional en la historia y ambiguo de sus márgenes a caballo entre el pensamiento humanista y clásico y la irrupción de la modernidad) donde más patente queda que toda transformación social y estética se produce bajo el influjo de cientos de posibilidades, por el empuje de personalidades concretas pero a su vez en sus adhesiones y luchas con el pasado y el presente histórico. Es por esta característica, su atemporalidad y difícil encuadramiento dentro de unas características delimitadas que muchos artistas en la época posmoderna (desde Miquel Barceló a Bill Viola) se han inspirado en él, defendiendo una mirada nueva a la concepción modernista del arte (aunque nunca como veremos sin olvidarla del todo, tal es el carácter esquivo del concepto de posmodernidad, que aunque intente superarlo en su mismo nombre mantiene la referencia a lo moderno). Manierismo y modernidad parecen así confundirse, no obstante intentaremos plantear su diferencia fundamental que estriba en la distancia que separa al arte moderno de su disolución.
http://rapidshare.com/files/392327257/disoluciones.docx.html
miércoles, 12 de mayo de 2010
La Bella Mentirosa. Ensayo sobre pintura, fotografía y cine.

Dejo aqui una parte de un ensayo que escribí el año pasado sobre las relaciones que se dan entre las distintas formas de representación y sobre las cualidads que las separan, con una maravillosa pelicula de Rivette como excusa para hablar de ello, La bella mentirosa. Mas abajo dejo un link para descargar todo el ensayo que es bastante largo para quien le interese.
Introducción
Existe un problema muy arraigado dentro de las artes plásticas contemporáneas ligado a la dicotomía entre abstracción y figuración cuyo origen estriba en la anunciada muerte de la pintura que las artes conceptuales parecieron presagiar. Y en efecto la elevación de la idea por encima de la estética y el surgimiento de numerosos nuevos soportes durante la década de los sesenta dinamitaron las concepciones estéticas de un arte antiquísimo que parecía acabar no solo con la tradición sino con la reciente transformación que había tenido lugar con las llamadas vanguardias históricas.
De esta forma la pintura para algunos solo puede sobrevivir bajo la sombra de la abstracción o sea aquella que le es más esencial, la que es solo forma y color. Sin embargo tras esta aparente ruptura la pintura figurativa se a seguido postergando en el tiempo no solo tras la avalancha conceptual sino también de forma coetánea a la misma, ¿no son algunos de los mas grandes artistas de las década de los sesenta y setenta pintores figurativos como Warhol, Lychenstein, Bacon o Reinhardt? La pintura figurativa se ha mantenido vigente desde la prehistoria y si esto ocurre es por un solo motivo, indudablemente resulta necesaria.
La pintura como medio plástico sensual y poderosamente manual se mantiene por supuesto en la abstracción ¿que pasa entonces con la figuración?? La respuesta a esta pregunta es por supuesto muy simple pero como es habitual en los círculos de pensamiento artístico (y de todo tío de pensamiento humanista) debe justificarse una vez mas de forma convincente. Porque al final de todo la teoría del arte no intenta ser nada mas que una nueva ciencia.
En el presente ensayo se intenta justificar al menos parcialmente la necesidad inherente al arte de no poder prescindir de la relación icnográfica con la realidad una tesis que ya queda justificada en la misma historia reciente del arte pues como intentamos justificar en el presente ensayo, el arte conceptual, el hapening, el arte pobre, el land art… no constituyen el alejamiento definitivo del arte figurativo, sino el mas radical acercamiento a su cualidad mas esencialmente significativa, la relación referente- representación, una relación que en el cine sufre (y exhibe) sus mas importante s y significativas consecuencias. Por ello utilizaremos como objeto de estudio una obra artística que aunque alejada de la pintura representa en su mismo medio (el fotográfico) la necesidad del referente y que en esta necesidad intentara justificar, al menos de forma parcial, la necesidad del ser humano por las representaciones figurativas.
Las representaciones del cuerpo han constituido uno de los ejes principales que han seguido las imágenes creadas por el ser humano desde que estas aparecieran en el paleolítico por poseer una función irremplazable en nuestro proceso de conocimiento tanto de la propia identidad como del mundo que nos rodea.
A lo largo de la historia estas representaciones han cambiado sustancialmente adecuándose a cada cultura y sociedad y se han sentido afectadas por los problemas implícitos de toda representación. Una de las cuestiones que mas profundamente han ejercido esta influencia es la que vincula la imagen creada con el referente del que parte, es decir, la imagen del cuerpo con el cuerpo real.
Desde este punto de vista cada medio de expresión o método de representación mantiene determinadas características que lo separan de los demás, estas particularidades deben ser tenidas en cuenta por los creadores por diferentes motivos adicionales, por un lado condicionan de forma evidente el proceso creativo, por otro cada medio arrastra una tradición que le influye y afecta, pero sobre todo cada medio condiciona la relación que se establece entre la imagen y su potencial espectador, siendo en este último punto en el que la relación de la imagen con el referente va a causar un cambio más significativo dado que dicha relación varía sustancialmente de un medio a otro.
Ateniéndonos a que en las imágenes figurativas el espectador encuentra una analogía con su mundo tanto exterior como interior, en la relación que estas imágenes mantengan con el referente real del que fueron tomadas (de fidelidad, distorsión, reducción, fragmentación…) va a ir implícita gran parte de las intenciones de su autor, pero además en función de dicha relación referente-imagen el espectador va a ver posibilitados diferentes modos de identificación o proyección con ella. En el presente ensayo intentaremos buscar el origen de estas diferencias en la percepción de la imagen en dos medios de expresión muy diferentes, la pintura y el cine para con ello dilucidar como en las representaciones realizadas por el hombre la figura humana es difícilmente sustituible.
Introducción
Existe un problema muy arraigado dentro de las artes plásticas contemporáneas ligado a la dicotomía entre abstracción y figuración cuyo origen estriba en la anunciada muerte de la pintura que las artes conceptuales parecieron presagiar. Y en efecto la elevación de la idea por encima de la estética y el surgimiento de numerosos nuevos soportes durante la década de los sesenta dinamitaron las concepciones estéticas de un arte antiquísimo que parecía acabar no solo con la tradición sino con la reciente transformación que había tenido lugar con las llamadas vanguardias históricas.
De esta forma la pintura para algunos solo puede sobrevivir bajo la sombra de la abstracción o sea aquella que le es más esencial, la que es solo forma y color. Sin embargo tras esta aparente ruptura la pintura figurativa se a seguido postergando en el tiempo no solo tras la avalancha conceptual sino también de forma coetánea a la misma, ¿no son algunos de los mas grandes artistas de las década de los sesenta y setenta pintores figurativos como Warhol, Lychenstein, Bacon o Reinhardt? La pintura figurativa se ha mantenido vigente desde la prehistoria y si esto ocurre es por un solo motivo, indudablemente resulta necesaria.
La pintura como medio plástico sensual y poderosamente manual se mantiene por supuesto en la abstracción ¿que pasa entonces con la figuración?? La respuesta a esta pregunta es por supuesto muy simple pero como es habitual en los círculos de pensamiento artístico (y de todo tío de pensamiento humanista) debe justificarse una vez mas de forma convincente. Porque al final de todo la teoría del arte no intenta ser nada mas que una nueva ciencia.
En el presente ensayo se intenta justificar al menos parcialmente la necesidad inherente al arte de no poder prescindir de la relación icnográfica con la realidad una tesis que ya queda justificada en la misma historia reciente del arte pues como intentamos justificar en el presente ensayo, el arte conceptual, el hapening, el arte pobre, el land art… no constituyen el alejamiento definitivo del arte figurativo, sino el mas radical acercamiento a su cualidad mas esencialmente significativa, la relación referente- representación, una relación que en el cine sufre (y exhibe) sus mas importante s y significativas consecuencias. Por ello utilizaremos como objeto de estudio una obra artística que aunque alejada de la pintura representa en su mismo medio (el fotográfico) la necesidad del referente y que en esta necesidad intentara justificar, al menos de forma parcial, la necesidad del ser humano por las representaciones figurativas.
Las representaciones del cuerpo han constituido uno de los ejes principales que han seguido las imágenes creadas por el ser humano desde que estas aparecieran en el paleolítico por poseer una función irremplazable en nuestro proceso de conocimiento tanto de la propia identidad como del mundo que nos rodea.
A lo largo de la historia estas representaciones han cambiado sustancialmente adecuándose a cada cultura y sociedad y se han sentido afectadas por los problemas implícitos de toda representación. Una de las cuestiones que mas profundamente han ejercido esta influencia es la que vincula la imagen creada con el referente del que parte, es decir, la imagen del cuerpo con el cuerpo real.
Desde este punto de vista cada medio de expresión o método de representación mantiene determinadas características que lo separan de los demás, estas particularidades deben ser tenidas en cuenta por los creadores por diferentes motivos adicionales, por un lado condicionan de forma evidente el proceso creativo, por otro cada medio arrastra una tradición que le influye y afecta, pero sobre todo cada medio condiciona la relación que se establece entre la imagen y su potencial espectador, siendo en este último punto en el que la relación de la imagen con el referente va a causar un cambio más significativo dado que dicha relación varía sustancialmente de un medio a otro.
Ateniéndonos a que en las imágenes figurativas el espectador encuentra una analogía con su mundo tanto exterior como interior, en la relación que estas imágenes mantengan con el referente real del que fueron tomadas (de fidelidad, distorsión, reducción, fragmentación…) va a ir implícita gran parte de las intenciones de su autor, pero además en función de dicha relación referente-imagen el espectador va a ver posibilitados diferentes modos de identificación o proyección con ella. En el presente ensayo intentaremos buscar el origen de estas diferencias en la percepción de la imagen en dos medios de expresión muy diferentes, la pintura y el cine para con ello dilucidar como en las representaciones realizadas por el hombre la figura humana es difícilmente sustituible.
Ensayo completo: http://rapidshare.com/files/386563754/La_bella_mentirosa.doc.html
viernes, 7 de mayo de 2010
Elke Boon. Joven, desconocida y genial.


En los rincones del arte abunda la buena hierba, algo que por supuesto sabemos en el jardín.
Hace algo mas de un mes descubrí a traves del excelente blog de Nicola Marianni a la joven artista Elke Boon (Gante, Bélgica. 1979), y el primer vistazo fue tan emocionante que decidí dejar de mirar para plantarme en Madrid y ver sus obras in situ (su exposición aun está en la galeria Camara Oscura) con tan mala suerte que me encontré la exposición cerrada y quedándome compuesto y sin novia. No obstante al siguiente dia registré de arriba abajo la red de redes y me empapé de casi toda su obra (bendito internet) que no hizo mas que corroborar con creces que aquella primera impresión había sido muy acertada.
Se trata de una artista genial pese a tener solo treinta años, de coherencia temática y estilística que apenas se vislumbra hoy en los circulos del arte posmoderno, aunque trabaja con medios distintos, tres basicamente.
Sus dibujos son de una sencillez pasmosa que no hace sino aumentar la fuerte emoción que transmiten. En ellos se respira una especie de trauma a pesar de que en la mayoria nada sucede y solo nos muestran figuras quietas, a veces dormidas.
Sus fotografías son algo excepcional, ante ellas no se puede manifestar si las personas que aparecen estan posando o no, si son verdaderos retratos o ficciones construidas (acaso no sean lo mismo). Sus niños y jovenes transmiten un hermetismo de pensamiento que nos excluye a la vez que nos lleva a interrogarnos sobre ellos, aunque a veces, de forma contraria, las poses de esos mismos niños quieren decirnos algo, sugieren sin mostrar, y cuando consiguen transmitir una emoción esta resulta siempre contradictoria. Son poses agresivas, sutilmente violentas y a veces de una sexualidad latente. Son estas quizás sus mejores obras, las que unen la incipiente sexualidad infantil a la violencia física, pero como digo todo esta narrado con una sutilidad desconcertante y misteriosa. Algo que roza lo sublime.
Pero son sus videos la gran sorpresa, tambien muy sencillos y compuestos por un plano fijo que aguarda a que un suceso inunde la pantalla, estos cuando llegan lo hacen en una fascinante y dificil mezcla de cotidianidad y experiencias límites, siempre con el cuerpo como portador, mediante el juego, el grito, o acciones personales que ensimisman al sujeto con su cuerpo hasta llevarlo al paroxismo.
Lo dicho, lejos de los grandes museos y salas hay gente excepcional realizando una obra de coherencia y valor mayor que la que encontramos en esos lugares, lo mismo ocurre en la red, quizás también en la casa de nuestro vecino.
A mi, desde luego, no me importaria demasiado tener como vecina a la señorita Elke.
martes, 4 de mayo de 2010
Una justificación figurativa (o de por qué a todo el mundo le gustan los cuadros que se parecen a las cosas que se parecen)
El cuadro
La instalaciónSe acabó la jornada¡¡¡ después de duro trabajo, de dolores de cabeza, de dias preparando una instalación en la que nadie se entera de nada, a todo el mundo le gusta el cuadro que pinté anoche en tres horas, un retrato enorme de Leni Reifensthal, que se me ocurrió hacer de golpe, porque me resultó una imagen interesante.
Hace años que no pintaba (la fotografía es otra cosa) una obra tan figurativa o realista, de hecho suelo aborrecer de tales rostros a gran escala, ¿porqué buscar una imagen tan vulgar? Para los que solo ven unas palabras ininteligibles en mi instalación, les cuento un poco a través de este cuadro !tan chulo¡
Mi instalación habla de muchas cosas, de lo que menos de política, de lo que mas de arte. Habla de las imágenes y de su desaparición, de la memoria, de la ficción, de una sustitución de la realidad propiciada por la simple impresión de que el lenguaje (cualquier lenguaje) solo existe para camuflar un rostro, de que determinados acontecimientos nos cambian desde la raiz, dirigiendo nuestro balbuceo de bebe, nuestro reconocimiento en el espejo, hacia la mudez encubierta y la mascara de los otros. Mi instalación habla de como la memoria se bifurca y crea un acontecimiento donde no lo hay, y lo hace solo para REPRESENTAR en mi propia imagen el problema al que me enfrento, sin buscarlo, al elegir ser artista, el de la muerte del arte, el del lenguaje transfigurado, el que me hace fracasar una y otra vez para buscar el fracaso como dijo Beckett, el que me hace REPRESENTAR en mi imagen no lo que sucedió (no formé ni formo parte de ello gracias a dios) sino sus consecuencias mas íntimas, que sacuden nuestro yo contemporaneo. Lo que, si puede convertir la carne muerta y pudriendose en una imagen mas, pueden convertirme a mi en uno de ellos, los genocidas.
Durante unos dias seré un recuerdo nazi, y solo de esto surge la imagen de Leni Reifenstahl (para los despistados solo decir que fué, además de una excelente realizadora cinematográfica, una de las principales artifices de la propaganda del nacionalsocialismo germano y que durante años su cámara solo enfocó a los nazis y su "grandeza") dirigiendo su cámara al espectador, con la que pretendía poner a todos los demas en mi misma situación, convertirlos en el contraplano natural de esa imagen, !por eso el cuadro es tan grande, tan realista y tan chulo¡.
P.D: no soy tan gilipollas como para pensar que alguien iba a cogerlo, pero por eso no iba a dejar de hacer ese cuadro... acabará repintado, como todos.
p.d.2: nunca me habia explicado tanto, me estaré haciendo viejo...
miércoles, 28 de abril de 2010
Jonathan Messe vale un viaje interminable.


El pasado sabado tuve uno de esos viajes en carretera para olvidar. Viajaba junto a Pilar hasta Malaga donde ella debia acompañar al piano a la escolanÍa de mi localidad y bueno, simplemente todo salió mal. Nos dieron un horario de concierto equivocado, pinchamos, tuvimos que hacer parte del viaje en el autobus rodeado de cincuenta niños, no nos dieron de comer por lo que tuvimos que entrar en un bar para pijos y finalmente reventamos la rueda del coche teniendo que volver con la de repuesto a unos 70 km/h. Lo que se llama un paseo horrible vamos.
No obstante hay cosas que arreglan cualquier mal dia y precisamente gracias a la citada descoordinación en los horarios pude hacercarme al CAC de Malaga y visitar la reciente exposición del joven artista Jonathan Messe, la mas importante realizada en nuestro país.
Yo conocía la obra de Messe de pasada, por algunos libros, y si, me gustaba, pero sin entusiasmarme, pero lo cierto es que nada tiene que ver ojear un par de papeles impresos con estar presente delante de sus enormes cuadros.
La primera impresión es de desconcierto y sentirse desbordado, tal es la acumulación de elementos historicos, mitologicos, biograficos, políticos, culturales... que aparecen en ellos, sumergiendonos en un horror vacui del todo existencial, como si para Messe el ser hmano no fuese otra cosa que esa acumulación, mas alla que su historia, el hombre sería la huella que de ella ha quedado en él en forma de sustrato a los que Messe da forma con multitud de referencias, narrativas y conceptuales, trasladadas al lienzo con una factura brutalmente expresionista (a su lado las dos generaciones del expresionismo alemán precendentes parecen colegialas) un compedio de actividades cotidianas y reseñas filosóficas, referentes artisticos y elementos escatológicos, violencia y sexo, alcohol, cine o leyendas germanicas...
No deberian perdersela.
PD: las fotos estan echas con movil, no es que no recuerde como se hacen...
Preparativos



El proximo martes 4 se inaugura una exposición colectiva en la casa de la cultura de Los Palacios, con pinturas, dibujos, ceramicas, moda etc etc, nada del otro mundo la verdad. Yo por mi parte colgaré algunas obras, fotos y pinturas, aunque lo mejor es que podre convertir en una instalación la obra sobre el límite de la representación y la imagineria nazi que me viene rondando desde hace años, creo que así si que tendrá una forma adecuada, menos anecdótica y podre por fin desplazar los significados asociados al nazismo y el holocausto, que son inevitables, hacia algo mas genérico y relacionado con mi preocupación por el lenguaje de las imágenes, los límites del arte, y el final del sentido en el mundo contemporaneo. O eso espero.
martes, 23 de marzo de 2010
En torno a la muerte del arte.
Desde hace casi treinta años los círculos teóricos en torno al arte vienen anunciando el final de mismo, la muerte de la pintura, el fin de la historia, de la modernidad, del arte en general son nociones de uso común en nuestro tiempo, pero ¿que quieren decir exactamente? Es obvio que el tiempo sigue su curso, que el pensamiento moderno aun tiene un enorme calado en nuestra sociedad y que a nuestro alrededor vemos a cientos de artistas que nos ofrecen su obra, no obstante ninguna de estas evidencias funcionan como lo hacia en la modernidad. Lo que se quiere decir cuando hablamos de muerte del arte no es que dejen de existir creadores, que las representaciones carezcan de sentido, sino que este ha cambiado bruscamente. En otras palabras, que en el transcurso de siglo XX el arte a sufrido modificaciones equiparables a las acontecidas en el renacimiento y como en aquel momento, se ha transformado hasta ser otra cosa.
Cuando hablamos de arte no dejamos de hablar en ningún momento solo de un concepto, carecterizado por una serie de asociaciones que, nunca debemos ovidarlo, nos pertenecen solo a nosotros, a los seres humanos que habitamos en occidente en una determinada franja de la historia, estas acotaciones giran en torno a los conceptos de creatividad, autoría, virtuosismo, personalidad etc. Pero mas allá y de forma mas genérica podemos hablar bajo esta premisa de un tiempo en el que el arte no existía, o por decirlo de otra forma, el arte no era arte.
Antes del renacimiento la labor del artista era la de lo que hoy llamaríamos un artesano, ni en Roma, ni en Grecia, ni en Bizancio o las cortes medievales europeas existieron artistas y por lo tanto tampoco arte, es solo bajo nuestra moderna mirada, bajo la perspectiva social de lo que en el mundo moderno hemos denominado arte que se ha aplicado ese termino a las imágenes elaboradas en aquellas épocas, sin embargo dicha condición artística nunca formo parte en su elaboración. El caso mas evidente está en las creaciones rupestres que eran mas próximas a una liturgia religiosa que a lo que llamamos creación artítica. A partir del Renacimiento todo cambia y las obras de arte se revisten de un aura distinta, se separan de la sociedad, se vinculan al gusto estético y y a la labor manual e intelectual del autor que pasa a denominarse artista.
Todo este argumento en torno a arte cuando no era arte nos sirve aquí para hablar del momento presente, en el que todos los conceptos de autoría, de maestrías, de estilo, de la obra de arte como algo cubierto de aura de lo excepcional ha desaparecido, no existe un camino que recorrer, o un fin elevado que el arte busca, el arte ahora no tiene nada que ver, aunque se parezca mucho en ocasiones, a lo que venia siendo hasta mediados de siglo XX. Quizás el concepto de arte que manejaba el mundo moderno ha desaparecido, el arte es otra cosa que desde luego no es Arte, a esto nos referimos a decir que el arte a muerto.
“debemos pensar en el arte después del fin del arte, como si estuviésemos en una transición desde la era del arte hacia otra cosa, cuya forma y estructura exacta aun debemos entender”[1]
A este arte que ya no es arte es a lo que se llama arte posmoderno, lo que nos deja claro que el arte murió en la modernidad y que además llega a su fin en el seno de la modernidad, siendo el estallido moderno un final espectacular que agotó en su interior el arte llevándolo hasta un límite que no podría superar y que lo obligó a reinventarse. Gracias Warhol.
[1] Arthur C. Danto. Despues del fin del arte. Paidós Transiciones. P.26. 1999.
Cuando hablamos de arte no dejamos de hablar en ningún momento solo de un concepto, carecterizado por una serie de asociaciones que, nunca debemos ovidarlo, nos pertenecen solo a nosotros, a los seres humanos que habitamos en occidente en una determinada franja de la historia, estas acotaciones giran en torno a los conceptos de creatividad, autoría, virtuosismo, personalidad etc. Pero mas allá y de forma mas genérica podemos hablar bajo esta premisa de un tiempo en el que el arte no existía, o por decirlo de otra forma, el arte no era arte.
Antes del renacimiento la labor del artista era la de lo que hoy llamaríamos un artesano, ni en Roma, ni en Grecia, ni en Bizancio o las cortes medievales europeas existieron artistas y por lo tanto tampoco arte, es solo bajo nuestra moderna mirada, bajo la perspectiva social de lo que en el mundo moderno hemos denominado arte que se ha aplicado ese termino a las imágenes elaboradas en aquellas épocas, sin embargo dicha condición artística nunca formo parte en su elaboración. El caso mas evidente está en las creaciones rupestres que eran mas próximas a una liturgia religiosa que a lo que llamamos creación artítica. A partir del Renacimiento todo cambia y las obras de arte se revisten de un aura distinta, se separan de la sociedad, se vinculan al gusto estético y y a la labor manual e intelectual del autor que pasa a denominarse artista.
Todo este argumento en torno a arte cuando no era arte nos sirve aquí para hablar del momento presente, en el que todos los conceptos de autoría, de maestrías, de estilo, de la obra de arte como algo cubierto de aura de lo excepcional ha desaparecido, no existe un camino que recorrer, o un fin elevado que el arte busca, el arte ahora no tiene nada que ver, aunque se parezca mucho en ocasiones, a lo que venia siendo hasta mediados de siglo XX. Quizás el concepto de arte que manejaba el mundo moderno ha desaparecido, el arte es otra cosa que desde luego no es Arte, a esto nos referimos a decir que el arte a muerto.
“debemos pensar en el arte después del fin del arte, como si estuviésemos en una transición desde la era del arte hacia otra cosa, cuya forma y estructura exacta aun debemos entender”[1]
A este arte que ya no es arte es a lo que se llama arte posmoderno, lo que nos deja claro que el arte murió en la modernidad y que además llega a su fin en el seno de la modernidad, siendo el estallido moderno un final espectacular que agotó en su interior el arte llevándolo hasta un límite que no podría superar y que lo obligó a reinventarse. Gracias Warhol.
[1] Arthur C. Danto. Despues del fin del arte. Paidós Transiciones. P.26. 1999.
domingo, 31 de enero de 2010
La elección.


Nuestro cuerpo es lo que somos para los demás y podemos verlo a partir de los ojos que nos miran.
Cuando nos vestimos solo estamos ocultandonos a esa mirada, que es la suya y la nuestra.
La elección es una serie indeterminada de fotografías que giran en torno a la problemática del cuerpo en relación a la visión con la ropa como protagonista.
"ponerse la ropa es ocultar el estado objetual de uno: es afirmar el derecho de ver sin ser visto; o sea, de ser puro sujeto. De ahí que el símbolo bíblico de la caida tras el pecado original sea el hecho de que Adan y Eva saben que estan desnudos"
Jean-Paul Sartre
miércoles, 27 de enero de 2010
¿Coincidencias?
Obras pertenecientes a la serie Underwater de Erin Mulvehill. 2009
Cámara oculta. David Mayo. 2004.
Hace poco descubrí a un artista muy joven que me sorprendió doblemente, por un lado por la extraordinaria calidad de su trabajo y por otro por la coincidencia visual de una de sus series con una obra que yo había realizado hace varios años titulada Cámara oculta.
Las obras distan de ser iguales formalmente, mientras que Mulvehill trabaja con la imagen única yo utilizaba por entonces secuencias fragmentadas. no comparten tamaño, ni formato y es indudable que toda la obra de Mulvehill busca una perfección formal y una construcción dramática que no comparte Cámara oculta, mas cercana a una (fingida) espontaneidad y amateurismo, o por decirlo de alguna forma, a la no-ficción.
En definitiva mientras mi obra resulta mas ensayística la de Mulvehill es muxo mas representacional.
No obstante se trata de distintos caminos para acceder a una misma significación, la de la fotografia (la imagen) como jaula, la de la imagen del cuerpo como limite del ser, solo visible y nada mas, con los elementos de cosificación que ello implica.
Mas de Mulvehill:
Film-límite: El año pasado en Marienbad.


Al enfrentarnos con el arte de nuestro tiempo sentimos una enorme perplejidad e incluso desconcierto ante una escena que no se parece en nada, o que se parece cada vez menos, a lo que venia siendo asta aproximadamente la mitad del siglo XX. Las causas de fin del arte moderno son varias y una de ellas es, por supuesto, el agotamiento de ciertas fórmulas, no obstante habria que preguntarse que lleva asta este agotamiento, encontrando la respuesta en el propio arte de la modernidad.
La naturaleza autoreflexiva del arte desde finales del siglo XIX llevaba consigo ya ese final inscrito por una causa existencial obvia, la conciencia de lo que se es pasa necesariamente por la conciencia de lo que no se es. Durante el siglo XX el arte se acercaría peligrosamente a este límite en el que se formula dejando de ser, borrando todo aquello que le es superfluo y llegando al limite de inentigilibilidad, manifestando una presencia-limite.
En toda manifestación artística existen nombres puntuales que han explorado este límite (que existe en el seno de todo arte por otra parte), en la pintura abstracta nos encontramos a los informalistas europeos y mas aun a la pintura vaciada de Ad Reinhart y en literatura la figura seminal de Samuel Beckett que narró el sinsentido del mundo a traves del sinsentido del lenguaje, podriamos seguir ampliando la lista.
El caso del cine es excepcional.
La naturaleza fotográfica del cine, su caracter eminentemente narrativo y su union a una industria y dispositivo tecnico descomunal hace que, para bien o para mal, alla permanecido casi invariable como forma artística, no obstante el cine también tuvo su modernidad y como en el resto de las artes la llevo asta el límite en algunas obras, no muchas, pero si suficientes.
En el cine todo sucedio en un solo siglo, todo en él es acelerado (de hecho, las vanguardias se dieron en el cine cuando este estaba en su grado mas primitivo y no al reves), hubo un momento en que el clasicismo, la modernidad e incluso la posmodernidad cinematográfica se dieron al mismo tiempo, y si el cine moderno surge en los cincuenta, en los sesenta ya encontramos esas cintas que explorar su lenguaje hasta acercarlo a la no significación, asta llavarlo al límite del sentido. Son varios los titulos que se pueden citar, pero, aunque alguno explore mas abiertamente el fin del lenguaje tal como se entendia asta entonces, el que mas lejos llega es sin duda El año pasado en Marienbad da Alain Resnais y Alain Robbe-Grillett.
Este film, de una fascinante bellaza visual, explora las posibilidades espaciotemporales del cine asta borrar en él todo indicio espaciotemporal. Se trata de una interrogacion sobre la memoria y el lenguaje cinematografico que, como en el teatro y la novela de Beckett, lo lleva asta un punto de no significación k encarna la misma no significación del mundo.
Resnais afirma que cada cual puede interpretarlo como quiera (para mi es en Robbe-Grillett en quien recae el mérito del film (no puedo comprender de otra forma la devacle artística de Resnais tras este título), yo digo que no presenta ni exige interpretación (a pesar de los cientos de críticos que se empeñan en encontrar una) como mucho puede verse como reflexión en torno a la memoria, pero siempre mas en relacion a su borrado, a su fuga, a su precariedad necesariamente pendiente de la enunciación de tiempo y lugares (el año pasado en Marienbad), de palabras e imagenes, que como nos muestra la propia cinta, repitiendo escenas, apelando a la memoria del espectador y creando un microcosmos visual, nada significan fuera de la subjetividad, mucho menos en la pantalla de cine.
martes, 26 de enero de 2010
lunes, 25 de enero de 2010
Morton Bartlett. Rehaciendo la memoria.


Morton Barlett entra dentro de lo que se conoce como arte marginal, o sea el realizado en los márgenes de la industria-comercio-mundoestablecido-escena artísticos. Era maniaco-compulsivo lo que no evitó que se graduase en la universidad de Harvard, pero su formación "artística" era del todo autodidacta.
A pesar de ello se pasó treinta años de su vida construyendo muñecos, cosiendo ropa a mano para ellos y fotografiándolos en distintas actitudes cotidianas. Con ello Bartlett, que era huerfano desde los ocho años, reelaboró toda su infancia ficcionalizándola con falsos recuerdos y creó de paso la familia que nunca tuvo.
Lo realmente excepcional es que Bartlett no se limitara a construir esas figuras, de las que nunca se deshizo pero que amontonó en un armario, sino que las fotografiara, ejemplificando de esta forma la relación que mantenemos con la fotografía como indice de la realidad. Para él eran esas imágenes, ya tomadas y por lo tanto portadoras de un pasado, las que otorgaban validez a una falsa memoria. Sin embargo en este caso vemos como la fotografía sigue un camino inverso al que suele seguir, esto es, la transfusión de la realidad hacia la imagen, hacia el arte. Por el contrario vemos que son aquí las obras de arte las que fluyen hacia la realidad al ser fotografiadas, en la confusa mente de Barlett se daban condiciones similares a las que actualmente se presentan en la relación del ser contemporaneo con las imágenes.
El caso concreto de Bartlett nos muestra, de hecho, una tendencia general en nuestro mundo que se evidencia cada vez mas inmerso en una realidad imaginaria, una realidad en la que las imágenes se han vuelto mas reales que lo real.
domingo, 24 de enero de 2010
Algo muy reciente


Para empezar tenia pensado colgar imagenes de viejos cuadros mios, por aquello de una pequeña retrospectiva como apertura, pero llevo toda la tarde leyendo una serie de textos de Jean Baudrilard en torno al arte actual para mi tesis y me han dejado tan descorazonado que he desechado la idea. Si malos me parecian antes mas aun ahora, así que prefiero esperar un par de dias para reposar y dejo dos imagenes que formaran parte de una obra en proyecto (formada por aun no se cuantas) en torno a la obsesion compulsiva y uno de mis temas favoritos: la relación entre el yo y las imagenes. En ellas podemos ver solo el principio y el final de un proceso que transformará la imagen de alguien en algo parecido a la virgen de Caravaggio.
Me es mas facil con algo no acabado y que por tanto aun puede alterarse e incluso desacerse.
Que cabrón el Baudrillard...
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